Icaros: Canto del Shamán

El sonido tiene en el mundo 2 funciones distintas:

La formación de sonidos descriptivos
La formación de sonidos sagrados o proyectivos

Cuando estos sonidos se pronuncian se produce 1 resonancia de cierta clase y la persona sintoniza con el universo. Al ser vibraciones de sonido tienen un poder más allá de las palabras, siendo muy importantes en el arte de sanación shamánico al poder comunicarse a través de ellos con el espíritu de las plantas sagradas (San Pedro-Ayahuasca).

En cierta forma dichos Icaros producen cambios en los patrones vibratorios, logrando la curación en los tres planos: Físico, Mental y Emocional al hacer que las cavidades corporales vibren en resonancia. Todas las cosas están comunicadas vibracionalmente. El cuerpo tiene varios modos vibratorios, la enfermedad o el estrés alteran dichos modos.

Existe una conexión directa entre el sonido y el cuerpo. Dichas vibraciones podían cambiar los órganos de un modo sutil y enviar nuevos mensajes a las vías neuronales. Estos mensajes llevando la información de los órganos transformados pueden comunicar al órgano enfermo con el resto del cuerpo. Entonces el CUERPO puede Sanar al ORGANO.

VIBRACIONES

Las vibraciones son pautas repetitivas.

Los shamanes ven el universo como si estuviera formado por vibraciones y que todo esta comunicado por dichas vibraciones.

Los shamanes penetran en mundos paralelos. Existen otros mundos presentes que afectan a nuestro mundo. Por mundo se entiende un conjunto de experiencias que tienen lugar en una región del espacio en un período de tiempo dado. Por lo tanto el mundo que normalmente experimentamos es realmente una realidad múltiple, un compuesto de muchas otras realidades.

La materia, la mente, el espíritu son diferentes estados vibratorios de la misma energía.

Lo mismo ocurre con nuestros pensamientos, si son positivos estan en una frecuencia alta en cambio los negativos vibran lentamente, lo mismo sucede con los sonidos y colores.

Las vibraciones de otros seres te afectan en bien o en mal, la intensidad de esa afectación estará dada por tu vibración, entonces es siempre conveniente tener una vibración alta.

El hombre esta constituido por diversos estados vibratorios según los cuales estarán en armonía o desarmonia consigo mismo y con los demás.

Salud-Enfermedad
Amor-Odio

Son diferentes gradaciones de vibración de un estado mental.

Se puede modificar la vibración y mejorar estados mentales que si no lo haces te causarán problemas, dificultades, infelicidad, etc. Solo depende de ti.

Debes desarrollar nuestro sol interno, nuestro sol espiritual.

El efecto es siempre consecuencia de la causa.

 



 

 

Los principales átomos del shamanismo son:

La vibración
La verdad
El poder

Por medio de la vibración junto con el paciente un Shamán es capaz de sentir la verdad de la enfermedad del paciente.

¿Que mantiene a una persona en estado crónico de enfermedad?

En nuestro interior existen dos fuerzas opuestas:

La energía curativa del amor
La energía destructiva del odio

Los Incas veían al cuerpo enfermo como algo compuesto de partes separadas rodeadas de muros. De algún modo dichas partes no son reconocidas por el cuerpo.

A través de alguna forma de estímulo autodestructivo, ira, odio, estas partes separadas no se comunican las unas con las otras. Estan vibracionalmente desincronizadas, al sintonizarse de nuevo, este reconocimiento permitiría que la enfermedad de dicha parte fuera sanada, entonces todo el cuerpo seria capaz de comunicar en resonancia vibratoria con la parte enferma produciéndose la sanación, un acto de amor.

Estamos conectados con el planeta, estamos hechos del planeta, somos el planeta. Sin embargo nuestra cultura moderna corre el peligro de perder su conexión con el planeta.

Somos organismos humanos que hemos crecido de un fragmento particular de tierra, comemos de dicha tierra, nuestras madres han comido de ella, somos lo que nuestras madres comieron y lo que fueron nuestros antepasados.

La tierra vibra con una frecuencia específica, Esta vibración es muy sutil y normalmente somos incapaces de detectarla. En épocas de terremotos la vibración no es sutil y la sentimos de un modo muy fuerte. Todo el planeta vibra, tiene una vibración armónica mayor aprox.88 ciclos por minuto.

A la vez cada masa de tierra tiene su sub-armónico, Machu Picchu depende de estos armónicos, entonces la vibración de la tierra esta relacionada de un modo directo con las vibraciones del cuerpo humano.

Llegamos a veces enfermos, pálidos y vacilantes, buscando acaso el ombligo del mundo, las propias raíces, el conocimiento liberador, tanteando acaso lazos de tribus invisibles. Y es ahí donde se aparecen las voces autóctonas, voces de selva que nos abren la puerta hacia una posibilidad de salud y saber, hacia un modo de vida entero y fuerte, hacia una revolución de las conciencias que comienza por cada uno de nosotros, desde los abismos de la desolación, desde el reconocimiento de nuestra ignorancia, desde la destrucción de una ilusión perdida (un jardín donde no germinan nuestras plantas), hacia la creación de un orden nuevo, más cercano a los propios latidos, hacia los nombres recobrados del mundo, de un mundo reconquistado a partir de necesidades más auténticas, más nítidas, abiertas, reales.

No se trata del transplante de un órgano exótico, difícilmente conciliable con la historia definitiva de un cuerpo, sino del descubrimiento de un espejo que desde su diferencia irreductible se hace prisma, un prisma que nos muestra todo desde perspectivas asombrosas, nunca vistas, anteriores a este lenguaje. Tocar el fondo. Habitar de nuevo el latido del ser, la médula del sonido, el fluir del presente. Pero luego volver, subir hacia la marea de los nombres, hacia el entretejerse de la cultura en que caímos, afortunada o desafortunadamente. Pero luego volver del abismo con esas claves, con el collar de perlas arrancadas a las ostras más profundas, hijas del poder primitivo con que nos adaptamos al paso de los días y las cosas.

Una flor crece en el pecho de los iniciados, una flor que recibe muchos nombres. Algunos la bautizan como un dios, otros en ella señalan a Cristo, a Buda, al Santo Daime, otros encuentran un animal de poder o el llamado de un destino; pero lo único que realmente importa, en el fondo de todas las máscaras, es que esa flor-fuerza está ahí, latiendo, que fue sembrada y para crecer necesita los cuidados de un alma despierta, vencedora de la inercia y de la pereza.

Sin embargo en estas latitudes crece un problema: aquellos fantasmas, Inercia y Pereza, detentan la corona de las mentes en el imperio de las máquinas egoístas, en este imperio de una maldición virtualista que con sus promesas contradice la realidad, enfermándola de nihilismo. La lucha de la conciencia se hace así más virulenta, llena de pasajes secretos y estrategias, llena de batallas cotidianas.

La ayahuasca y San Pedro ayuda a recordarnos el estado de vigilia saludable, derriba las trampas con que miles de parásitos urbanos obstruyen los sentidos, enturbiando las aguas del deseo. La purificación y ampliación de las conciencias es un llamado necesario en los tiempos que corren, es una grieta que se abre en la placa de cemento que intenta cubrir el verde del planeta, esa placa mortuoria que crece apoyándose en sus propias ansias de efectividad.

La ayahuasca, el saber de Oni, San Pedro, el poder de la selva, propone otra efectividad: la sintonía con los ritmos naturales, apoyada por el reino inextinguible de los espíritus, de las fuerzas telúricas que laten en cada gesto del planeta, de este ecosistema en cambio permanente, universo de universos.

Ninguna ley humana puede enjaular esta sabiduría. Ningún estado puede destruirla. Ninguna ciudad puede domesticarla en sus peceras de artificialidad. Ella siempre se abre paso; aun en el crecer de los desiertos.