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INTRODUCCION: Savia de Oni En la médula del sonido, en el latido del ser, dentro del fluir despierto en que un ahora inmenso abre su cauce. El techo de palma y el coro sólido de una selva nocturna son los mares que rodean este vibrar. Poder tangible: emanación que hace visible evanescencias de mil rostros mutando del espanto hacia el éxtasis, del éntasis a los terrores primordiales, del vientre materno hacia el primer alarido en esta tierra. Toda una vida de ansias y perdones se desliza hiriendo la memoria implacable, hasta que la venda se desprende, en un vómito de lastres y opresiones, dejando paso al elevarse de la fuerza omnisciente, sinérgica entre el alma de las cosas: visiones, canales abriéndose al pulso de una sangre vegetal, más honda que el pequeño corazón humano, sobrecogedora como el trueno de su paso a la vez que protectora del íntimo arrullar, surgida en la raíces de una voz que se hace maestro, frecuencia guiadora, quilla del bogar. Van cayendo, paso a paso, onda tras onda, cáscaras de una piel antigua, hecha de temores hiper eléctricos y de golpes furiosos en el estómago. Las marejadas salvajes arrasaron eso que alguna vez tuvo nombre (yo, cristales, muerte, lo otro) sumergiendo todo en un nacer de nuevo, en una mirada sin párpados que vuelve a descubrir el mundo, inventando sus modos, articulando sus resonancias, habitándolo a fondo por primera vez desde el presente. Arcaica y nueva, vibra la corriente de una tradición inextinguible: los cantos de los chamanes, icaros de poder, abren las compuertas del reino invisible, inundando de salud el valle de los días, purificando las ramas podridas con el surgir de savias poderosas. La madre de las plantas nunca duerme, es el cauce de este río de conjuros y el efecto enteógeno que atraviesa los cuerpos con su toque ancestral. Aceptarlo todo, dejar, abrir el propio vacío hacia el pulso sabio de la naturaleza, brotando con sus millones de dioses en la pureza recobrada, en la entereza animal, sin fronteras entre lo vegetal y lo humano, con certeza más veloz que el pensamiento. Madre de las plantas le llaman, pero también es Oni, sabio a quien recurrían los primeros vivientes en su lucha inexorable por la adaptación, fuente de conocimiento ancestral que guarda los arcanos de la selva, cantándoselos a los brujos y a cada ser fuerte y sincero que le pide saber y salud para su tribu. Cuentan los ancianos de la etnia shipibo, habitantes de la orilla del gran Ucayalli, que un día Oni conoció su muerte, mirándola de frente y aceptando que había terminado la era de los héroes. Como no quería dejar al mundo sin su saber, reunió entonces a todos los que le llamaban abuelo de abuelos, para pedir que lo enterrasen a los pies del árbol más alto, dejando su torso aflorar por encima de las plantas. Llegó el día y así lo sembraron. Pasaron las lluvias y sus cabellos se convirtieron en tallos, creciendo hasta ser lianas que trepan las ramas del árbol: el sol lo llamaba, la luna amando su sueño. En torno, radiantes por su contacto, crecieron otras plantas que guardan en su espíritu gotas de un saber que hizo su nido en el mundo de los astros y de los muertos. Hoy el saber de Oni persiste en la ayahuasca (llamada oni en shipibo, palabra usada también para referirse a todo tipo de conocimiento), liana de la embriaguez mística, soga del que se ahorca en sus sueños para renacer al fluir de la existencia completa, más allá de las máscaras personales, atravesando rugidos de jaguar y reptar de anacondas, volviendo a la ronda de todos los seres, tomando sus manos de vibración terrible y piadosa, fundiéndose en ella. La savia de Oni transmite el poder curador, las claves de la adaptación. Las plantas maestras que se le suman, junto a la chacruna, junto a la hoja de visiones oníricas, abren ventanas hacia diferentes ámbitos de magia, llamando espíritus auxiliares que surgen desde sus ensalmos, desde el tejerse de unas voces visibles, indeciblemente poderosas |
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En las ceremonias la persona accede
al mundo de su subconsciente. Se trata de un mundo vivo, es el mundo
que uno debe adentrarse para recuperar la vida normal.
Al producirse la separación entre el mundo consciente y el mundo inconsciente, esta separación nos permite analizar de un modo consciente toda nuestra historia inconsciente que estaba guardada en algún lugar. Esta es siempre la fuente continua de todos nuestros males y problemas. Por eso el Shamán guía el auto-análisis de cada persona. El
hecho de traer a la conciencia lo que es inconsciente nos permite enfrentarnos
a nosotros mismos. Esto nos lleva a observar algo que estemos haciendo, ver lo
negativo y dejar de aceptarlo, entonces te darás cuenta que eres capaz
de hacer más de lo que creías. Todas las fuerzas negativas tienen una salida y tratan de hallarla. En las ceremonias se trae también la dimensión del tiempo de modo que es convocado en la ceremonia el continuo espacio tiempo de 4 dimensiones. Para sanarse física y espiritualmente se debe descubrir como su pasado esta produciendo su enfermedad. Los shamanes trabajan en una sensación de gran poder y ese poder se halla en la misma tierra y se ve reforzado al ingerir plantas sagradas, plantas que fueron utilizadas desde épocas muy antiguas como el 3000 AC. La Ayahuasca, San Pedro y otras plantas sagradas, son utilizadas para explorar tanto este mundo como los paralelos que estan normalmente más allá de nuestra percepción corriente. Al
ingerirla se libera de los límites normales del espacio-tiempo de este
mundo desplazándose libremente de mundo a mundo. Estas plantas son herramientas para explorar los reinos natural y sobrenatural las cuales solo pueden ser utilizadas en presencia de un Shamán experimentado. Dichas plantas sagradas no fueron descubiertas de un modo casual. Eran necesarias para nuestra evolución como especie, nos permite volvernos a comunicar con nuestro planeta. Nos proporciona introspecciones espirituales y místicas sobre nuestra propia naturaleza. AYAHUASCA: Para todos aquellos que deseen abrir los ojos a las puertas de la percepción, conociendo la i intensidad prenatural de la luz Los llamados a crecer en los ritos de la ayahuasca suelen ser señalados por una crisis, sea una enfermedad sólo curable por métodos chamánicos, sea algún otro factor físico, psicológico o social que aparte al sujeto de la cotidianeidad, poniéndolo en contacto con sus pulsiones primitivas, anteriores a la cultura. El animal humano se despierta así sumido en un círculo de imperativos salvajes del que sólo la magia de los espíritus lo puede rescatar. Existe un conocimiento tradicional bastante elaborado en todo lo concerniente a la esfera mental, logrado a través del empleo de ciertas plantas psicoactivas. Aquí existen otros usos medicinales, asi como otro tipo de problemas, generados por la expansión del urbanismo y la modernidad. La coca es la planta sagrada y al mismo tiempo es el demonio, según el uso que se le de. Un poco que su esencia incluye esa dualidad. Existe una gran confusión conceptual en Occidente respecto de lo que implica la alteración de un estado de conciencia: se dice es pecado, es peligroso, es droga. Es un grave error puesto que hay sustancias que son adictivas y otras que no. Depende mucho del manejo y del tipo de acercamiento que uno tenga con ellas. Es asunto de atreverse
a experimentar para conocerlas a fondo o disociarse y más bien aproximarse
en forma teórica. Porque hay muchos estudios de ese tipo sobre el ayahuasca
realizados por antropólogos y una serie de académicos que no experimentaron
o experimentaron un par de veces y el uso del ayahuasca supone procesos que demoran
años entender como dietas de abstinencia sexual, ciertos manejos energéticos,
por los que si uno no pasa no podrá entender exactamente de lo que se esta
hablando. LA
PLANTA ME LO HA ENSEÑADO El contacto con la planta resulto trascendental para muchos que comprendieron el significado de estas palabras, significo un descubrimiento extraordinario el que ahí exista una fuente de saber insospechable. Y no solo con el ayahuasca sino con otras plantas de enorme potencial curativo a las que se accede a través de este proceso de purgas, sueños y cantos(icaros). Los elementos psicoactivos de estas plantas eran toda una vía a un mundo interior desconocido hacia una especie de sabiduría secreta que todos poseemos y que permite incluso orientar la propia vida. En el contexto tradicional chamánico no se concibe separación entre cuerpo, mente, espíritu. Si bien ahora se acepta la existencia de males orgánicos en conexión con la mente, no se atiende ni minimamente la dimensión espiritual que no tiene que ver con la mente, y se la suele encerrar dentro de los llamados traumas psicológicos. O sea, el instinto tampoco existe para los psiquiatras, existe la mente. En el contexto chamánico tradicional hay, una dimensión más que es inmaterial y constituye la esencia del ser humano: cuando uno muere, es el cuerpo el que deja de funcionar, pues queda el espíritu. Y ellos exploran ese mundo espiritual que impregna no solamente al ser humano, sino a toda la naturaleza a todos los ritos, los lugares, las cuevas, los ríos. Lo que proponen no es creer en la realidad como parte de un ente divino, sino apenas experimentarla, lo que es razonable. Es necesario que experimentes tu mismo, que veas tu mismo, que accedas solita/o a eso, si sinceramente lo quieres. Es pues una experiencia de revelación la que te conduce, una percepción de la realidad distinta a la ordinaria que te permite acceder a otros niveles de conciencia a otras dimensiones de la vida que no se distingue a simple vista porque estan presentes de otra manera. Lo mas importante en la experiencia con el ayahuasca es la idea de reconciliación con uno mismo, de aceptar lo que tu eres, tus cosas buenas o malas, una reconciliación con el pasado, con todo el rencor que puedas sentir por tus padres, tu familia, tu sociedad, es decir aceptarte reconocer que eres parte del o que rechazas y que si algo esta mal es porque tu también colaboras con el malestar general. Es también reconciliarse con Dios, con la idea de Dios que cada uno formula a su manera pues proporciona una visión trascendental de algo que es más importante que tu como toda revelación. En si mismo eso proporciona determinados niveles de alivio, aunque se trate de un proceso en el que no se deja de descubrir interminable y fabuloso pero al mismo tiempo duro, ya que puede involucrar sufrimiento. Además es una reconciliación que opera tanto con la naturaleza exterior como con la naturaleza interior. Una suerte de ecología humanista que va más allá de la mera política. No se trata solamente de proteger a la naturaleza., sino de recrear una sacralizad en la relación entre todos los seres vivos, entre el ser humano y su mundo interior, entre ambos y el mundo exterior, y entre ese conjunto y la dimensión cósmica de la naturaleza. El rito de preparación para una ceremonia es fundamental. Esa dimensión espiritual también tiene que ser asumida, con el ayahuasca uno mismo descubre como contactarse con ese mundo. Lo primero es el respeto por la experiencia que se va a afrontar, porque cuando el flujo de visiones se pone muy fuerte, pocos logran evitar acobardarse, ya que hay un instante en que uno se percata de la osadía de querer hacer frente a sensaciones que responden a energías tan desconocidas como poderosas. Y el temor es bueno, pues te devuelve a tu condición de criatura del universo hasta que descubres que hay algo que te presiente al mismo tiempo que te protege, que te alimenta. El ritual es el modo en que uno se manifiesta y pide permiso porque uno no puede ir y robar el fuego a los dioses. Es posible que uno tenga cierto derecho pero tampoco es que no lo pueda hacer por satisfacer un capricho infantil o por lanzarse a un viaje puramente evasivo. La curación se da por intervención directa de las fuerzas sobrenaturales y/o por intermedio de un chamán (murraya, en shipibo), que ayuda a instaurar una nueva armonía entre aquellas fuerzas naturales descontroladas. El aprendizaje comienza durante la curación, a través de uno mismo, reconociendo las causas y los focos del desequilibrio, a absorber y radiar el poder, el saber de Oni, el impredecible conocimiento selvatico. Poco a poco la instauración del equilibrio orgánico arraiga en la capacidad de reactivarlo nuevamente en cada caso, en uno mismo y en los otros, según circunstancias concretas que se van reconociendo con la ayuda de los espíritus, los que muestran lo que no se ve y señalan remedios, completando el conocimiento empírico construido a fuerza de errores y aciertos. Largos son los años de sesiones en el otro lado de la realidad, de noches enteras pasadas en el reino de los poderes primordiales, en las cuevas del tiempo donde todos los ciclos se renuevan. Se crece bajo el estímulo de aquellas fuerzas, adoptando una fisonomía apta para el tránsito entre mundos, una mente fuerte y fluida, una orientación a prueba de tormentas, todas las armas e instrumentos necesarios para navegar y bucear en aguas tan poderosas. Largas son también las precauciones antes de sambullirse en cada sesión, en cada encuentro con lo desconocido durante la búsqueda de la fuente de salud y conocimiento. Mantenida la dieta indicada (ni sal ni azúcar ni grasas ni alcohol ni sexo), el shaman, al comienzo de la sesión, traza con sus pasos y con el humo de su pipa un círculo de protección, soplando con fuerza hacia las cuatro direcciones. La pipa de poder, consagrada en un rito especial y cargada durante años de experiencias, acaso con la capa de un espíritu guía grabada en la cazoleta, es un arma fundamental para la acción mágica. El humo de su tabaco crea campos de protección, penetrando todo tipo de entidades y funcionando con su evanescencia como puente entre el mundo sólido y el plano visionario. Sus soplos crean una armadura alrededor del cuerpo, arkana, una armadura más poderosa que el hierro. Comienzan entonces otros soplos: la propiciación de la ayahuasca, los soplos rítmicos de una boca en trance de llamar buenas influencias, los silbos tenues pero persistentes de un viento ancestral sobre el cuenco del brebaje. Un coro invisible parece animarse en el aire nocturno, seres danzando un paso sobrio de consagración. Beber ahora el líquido acre que hace temblar el cuerpo de quien lo conoce y respeta. Beber suficiente, en la correcta actitud. Entre la concentración casi palpable, cuando la fuerza comienza a surgir amplificándolo todo, primero con el zumbido de la enorme audición, luego con las posibilidades infinitas de un nuevo fluctuar, el conocedor telepático de cada vibración irrumpe, desde las profundidades, a cantar sus icaros, sus cantos de poder: kano-kano kano rao, canto-canto vegetal, buhuái kani chimutei, cantar para seguir cantando, nihui kano kano rao, canto del viento, canto vegetal, pag pónta-pónta wain kiin, enderezando y enderezando la mareación, shinan shamá pónta kiin, de los sentidos el principio-raíz enderezando, iora shamá pónta kiin, del cuerpo el principio-raíz enderezando, kano iora shamá pónta kiin... El aprendiz luchando contra una traba. Los retorcimientos. Sentir el cénit de la potencia en algún lugar aún por descubrir, dentro y fuera, en el origen de esa vibración terrible. La purgación. El enderezamiento logrado horas, siglos después, atravezando remolinos ciegos de la mareación. Y siempre los cantos abriéndolo todo, el faro de icaros en medio del mar, el icaro umbilical que invita, llamando desde el centro de la tierra. La referencia continua del salmo que hace y deshace visiones. Dentro, fuera, la voz ancestral animando imágenes de un tótem latiente, la unión vital de todo lo que existe. La interconexión inescindible y veloz, terrible en su mirada omnisapiente, ineludible: viento que pule la piedra y traza el crecer de mil tallos, árboles, hojas, nervaduras, alas de ave. Los cantos ganan un poder increíblemente envolvente, un tejido mágico que atraviesa todos los cuerpos, desatándolos, sintonizándolos y uniendo planos de realidad en una gran conciencia colectiva. Después de que cada uno se hubo purgado, descendido a estados prenatales, saltado en forma de jaguar o volado como un águila sobre la ciudad de piedra color atardecer, la vibración de las mentes encuentra un canal de comunicación sin palabras, un campo de acción mágico donde se rema hacia la apertura sanadora que llega desde la otra orilla, más allá de las visiones individuales, de los temores y desdoblamientos que se desvanecen frente a aquel surgir imponente de la Fuerza. No es fácil abrirse hacia aquel abismo de iluminación suprema. La duración no tiene límites, cada segundo es una vida y cada vida es un pulso de ese coro de cigarras nocturnas en que nada el tejido de canto. Pasan los siglos de una noche extática, filtrándose entre libaciones, cantos y centellas de pipas en trance. El proceso de purificación, la purga total, alcanza cada articulación de este cuerpo renovado, lleno de impulsos entusiastas en completa integración con la transparencia expansiva de la conciencia. Llegado el momento de partir, la selva brilla bajo un cielo gris como el plumaje de un águila cuyos ojos son titileo de estrellas abriendo nubes. La presencia de la noche-águila se hace patente, casi amenazante. Todavía es tan fuerte la mareación que para caminar hay que estabilizarse, oscilando, y mantener el equilibrio a través de lentos movimientos conscientes. El efecto de la luz lunar, junto a una grave sensación de falta de gravedad, nos encuentra oscilando en armonía bajo el contrapunto de las aves nocturnas. Para hundirse en un mar de visiones descontroladas sólo hay que dejarse caer; pero el desafío es tener el rumbo, nivelarse afirmando energías sobre la fuerza de esta navegación a través de la selva real y mental. Las intuiciones son infinitamente más veloces que las palabras, mostrando al mismo tiempo todas las aristas del motivo que se ofrezca a la atención. Un guerrero nace rompiendo la cáscara del raciocinio. El aprendizaje requiere intensos ciclos de dietas y retiros, largos meses de observación atenta de los sueños y de repetidas sesiones de ayahuasca para conocerse a fondo y recibir las enseñanzas. Los propios cantos empiezan a manifestarse. Las mareaciones se tornan más dúctiles, menos peligrosas, llenas de sentido saludable; aunque siempre son nuevas y diferentes. La mirada parece atravesarlo todo cuando la intuición se abre, aflorando en sintonía con el medio, tendiendo un puente entre los pliegues humanos y las fuerzas naturales. Los espíritus guías se presentan, curan, protejen, enseñan, ponen a prueba. SAN
PEDRO Llegada la noche y bajo las estrellas, los pacientes esperan al chamán quien se encuentra meditando, y se preparara luego para el combate que librara con las fuerzas y entidades que se harán presentes en la ceremonia de la mesa o mesada, en la que entran en juego la vida y la salud de los visitantes, pues a través de la ceremonia no solo se curarán las enfermedades del cuerpo y del alma, sino que además se combinará la suerte, se florecerá y se aliviaran las cargas emocionales de los concurrentes. Puestos en círculo, al aire libre y en medio del silencio alrededor del siento o mesa, el maestro sirve en orden, de izquierda a derecha, la dósis de Sanpedro que le corresponde a cada paciente. El decidirá la cantidad necesaria según el mal que lo aqueja, el peso y la talla de cada paciente. Luego se iniciaran los cantos(icaros) que marcaran los momentos por los que va atravesando la ceremonia o el viaje al otro lado del mundo visible El chamán, a través de sus icaros, su voz, energía y objetos de poder va diagnosticando ,curando y aliviando a los enfermos asi como aconsejándolos y leyendo sus vidas futuras en el ater ego. Diversos movimientos, giros y bailes pueden acompañar también la ceremonia, que terminara con el primer canto del gallo, antes de la primera luz, pues San Pedro y el Sol son entidades opuestas. La participación en este rito es una experiencia absolutamente vivencial, única e intransferible que muy poco tiene que ver con los aspectos racionales de la persona. , sin embargo para llegar a este estado alterado de conciencia, la interacción con el grupo y la conducción del chamán son fundamentales, pues le confieren un carácter profundamente colectivo a esta suerte de viaje interior y solitario, durante el trance se van creando vínculos profundos entre los participantes ya que se libera la capacidad de compartir en forma autentica una experiencia vital. DIFERENCIA ENTRE Shamán Y ESPIRITISTAS Espiritistas: En el trance de los médium los espiritistas acuden a ellos que les ceden voluntariamente el control de sus cuerpos y sus mentes, permitiéndoles obrar a través de ellos. EXPERIENCIAS EXTRA-CORPOREAS: VUELO SHAMANICO HACIA MUNDOS SUTILES En el momento en que la conciencia se separa del cuerpo, el paciente o viajero percibe un agujero negro como la boca de un túnel y una serie de manifestaciones o puntos luminosos como un campo energético moviéndose a su alrededor, llegado a este punto el paciente suele cambiar su ángulo de visión y puede ver su cuerpo desde afuera como si estuvieran cerniéndose sobre él, se sienten ingravidos y capaces de transportar objetos sólidos. Esta condición es lo que es llamado "cuerpo astral". Luego de atravesar el túnel el viajero percibe una luz brillante, bañado en la cual experimenta una sensación de euforia y de amor y desaparece todos los sentimientos de odio-rencor-envidia, desencadenando profundas transformaciones espirituales. Este campo espiritual se produce debido a la depuración de energías nocivas del aura, facilitada por la temporal liberación del cuerpo físico. Como consecuencia de esto se produce una revisión de la propia vida, que casi siempre se presenta asociada al encuentro con otros seres. Por lo general los espíritus familiares suelen mostrar al viajero los efectos que sus acciones provocan en los demás. Los estados de conciencia serán modificados implementando una graduación de estados alternativos de conciencia para que el viajero pueda adoptar el nivel adecuado en el momento necesario. Una de las características más importantes de realizar estas experiencias místicas en lugares sagrados tales como Machu Picchu reside en que muchas veces modifica profundamente la vida misma del protagonista ya sea en su aspecto espiritual o físico.
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